

Do.Porcel: La huella de lo invisible
Tourangelle de origen andaluz, Dominique Porcel ha estado practicando la pintura abstracta desde 2005, alejada de las convenciones académicas, guiada por la expresión de sus emociones y sensaciones internas.
Todos sus trabajos comienzan con mĂşsica. Al escucharla, se deja llevar por la emociĂłn que emana de ella para entregarse a la intuiciĂłn. Un ritmo envolvente, una melodĂa armoniosa o un canto penetrante; son disparadores que avivan la creatividad del artista actuando como un catalizador.
Sin embargo, si bien el inicio de la obra se facilita mediante la audiciĂłn, es a travĂ©s del tacto que se completa el trabajo. Alejándose de la práctica tradicional de la pintura, Do. Porcel deja de lado pinceles y brochas en favor del uso de un medio singular: sus manos. Guiada por la armonĂa musical, sumerge sus dedos en pintura acrĂlica, tinta china o aceite para componer escenas imaginarias sorprendentes por sus relieves. Entre los pequeños montĂculos, los goteos y los apliques de pintura, la mirada del espectador se pierde y penetra en la multitud de efectos de textura. La huella de las manos se vuelve entonces invisible para dar paso a la dictadura del movimiento.
Además, este impulso pictórico proporcionado por el relieve es aún más notable gracias al dominio del color. Elegido de manera casi instintiva, se aplica puro o mezclado directamente sobre el lienzo. Desde azul profundo hasta rojo bermellón, la paleta del artista nunca se reduce a unos pocos colores y participa, por lo tanto, en la misma expresividad que el material. El resultado son variaciones y contrastes llamativos que dan "vida" a la pintura.
AsĂ, en un modo sinestĂ©sico, Do. Porcel nos ofrece una verdadera excursiĂłn pictĂłrica y sensorial en la que el espectador es completamente autĂłnomo. Cuando está cara a cara con el lienzo, el ojo tiende a perderse en el flujo de material al recorrer la composiciĂłn; sin embargo, al alejarse, se revela un nuevo universo. El examen cuidadoso de la obra de cerca da paso a una visiĂłn más contemplativa. En el desenfoque de colores, emergen y cobran vida sombras y siluetas, ya sea sugeridas o percibidas claramente por el ojo. De esta manera, el artista ofrece la posibilidad de coquetear con lo invisible. Ya sea del ámbito del inconsciente, la imaginaciĂłn o lo espiritual, afirma su presencia en el tumulto del material y el color, sumergiendo al espectador en un mundo donde es libre de entregarse al vagabundeo y la errancia.
Morgane Badin - Com’on Art